Despedida


06/09/94 - 01/06/25

Pao tenía 30 años y hace 10 que vivía en Wilde, pero se sentía bien recordando que era de Solano. Orgullosa siempre de sus rasgos andinos. Amaba las humitas de su abuela jujeña. Estudiaba dos carreras en la UBA: historia y bibliotecología. Era adscripta en Historia Social General. Se había interesado en la fotografía y los pueblos originarios como tema de investigación y presentó una primera ponencia sobre ello.

Lectora voraz: su próximo libro era Las uvas de la ira, siempre pendiente. Fue socialista, atea y por sobre todo muy humana. Odiaba las injusticias y los maltratos de todo tipo. Sus poemas favoritos eran En la brisa, un momento, de Olga Orozco y Lo que siente la mano, de Idea Vilariño.

Su pasatiempo fue la fotografía. Sabía captar belleza en cualquier cosa, incluso en mí. Su idioma favorito era el francés, que aprendía de forma autodidacta. El futbol nunca formó parte de sus intereses, hasta que descubrió la Premier y los relatos del Bambino. Hincha del Leeds por Bielsa. Le encantaban los Beatles y nunca pude hacer que le gusten los primeros discos de los Rolling Stones.

Por la mañana le gustaba dormir un poco más y que le lleve el desayuno a la cama: un mate cocido Nobleza Gaucha y dos tostadas con manteca. Sus galletitas favoritas eran las pepitos. Las tartas y las sopas cremosas eran su fuerte. Tenía un ritual para comer, que implicaba cortar todo antes, ir comiendo de acuerdo a formas y tamaños y dejar lo más rico para el final.

Era sumamente estructurada y rutinaria. Disfrutaba volver a ver una y otra vez las películas que le habían gustado, como las de Harry Potter, e ir nuevamente a comer a los lugares que ya conocía. Le gustaban los espacios seguros para ella. Había descubierto (tardíamente) en su riñonera su mejor aliado. Detestaba la sensación de ensuciarse las manos, las medias apretadas y que le dijeran Pau en vez de Pao.

Era muy reservada. No me contaba de algo suyo hasta que ya lo había hecho. Nunca quiso que comparta fotos con ella y que conozca a su familia, pero si me hablaba mucho de ellos, con mucho amor.



Amaba el olor a las sábanas limpias, el helado de dulce de leche granizado y el ruido de los abejorros. No le gustaba que le de la mano en público, pero podía aceptarlo cuando se trataba de cruzar la calle. Cuando fui a dar clase por primera vez en nivel superior hizo pochoclos para que lleve (eran clases sobre cine) y compró bolsitas de papel madera para cada estudiante. Era feliz con la felicidad de sus seres queridos. Nunca hubiese podido hacer mi tesis, presentado cursos, ponencias y proyectos sin su atenta colaboración.

No le interesaba gastar plata en ella. Disfrutaba de las cosas más simples y de quedarse en casa. De todos mis regalos, el que más le gustó fue una taza de Pikachu que cuidaba con mucho esfuerzo para que nunca se rompa. Se obsesionó con Tsuki y llegó a tener 116 peces. Como nombres para nuestros hijos (muy) imaginarios le gustaban Helena y Gael. Amaba a nuestro perrijo, Pixie, y se sintió muy afectada por su muerte. Tenía un perrito de peluche qué también amaba, Panchita.

El silencio, los auriculares y su mirada punzante eran métodos de supervivencia en un mundo que consideraba amenazante. Mi objetivo siempre fue amarla y protegerla. En nuestra relación encontró un espacio de seguridad y amor donde pudo ser ella. Nunca le hizo nada malo a nadie. Nunca quiso cambiarme y era incapaz de lastimarme. Solo ella supo calmarme en mis peores momentos y su abrazo cada noche era un momento de paz. Fue mi pilar.

Aceptó sus enfermedades siempre con entereza. Confió en la ciencia y en la salud pública. Le gustaba ir al Hospital Muñiz. No le temía a la muerte, pero si a sufrir. Hizo todo lo que pudo y más, pero una enfermedad azarosa se la llevó muy temprano, injustamente. Justo antes de perder la capacidad de comunicarse, me hizo el gesto que yo le había enseñado para decirme que me amaba. Quiero aferrarme a ese último recuerdo y a su noble amor para poder seguir viviendo.

Pao, mi gran amor, nunca voy a olvidar ninguno de estos detalles y te voy a extrañar y amar por siempre.

1 de junio de 2025

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