La grandeza de Pao

 

-En Before Sunset, Celine le dice a Jesse que cuando uno es joven cree que va a conectar con muchas personas, pero luego descubre que solo ocurre unas pocas veces. Únicamente con Pao tuve esa conexión tan íntima que te hace sentir participe del mundo del otro. Con las demás personas compartí etapas, fragmentos sueltos, momentos particulares de la vida, pero sin llegar a formar parte de su realidad. Conectar con otros es sumamente difícil. Cuando lo pienso, la relación con Pao se me aparece en toda su inmensidad.

-En una carta a Jenny, escrita en 1856, Marx defiende con cierta ternura la utilidad de la separación temporal en un vínculo de pareja. La proximidad constante, argumenta, no deja ver la grandeza de la otra persona. “Hasta las torres de cerca no parecen tan altas”, le escribe a su amada. En cambio, las pasiones profundas que la rutina convierten en hábito crecen y recuperan su vigor con la distancia: “Mi amor por ti, cuando te encuentras lejos de mí, se presenta tal y como es en realidad: como un gigante". Creo que con Pao era al revés. La proximidad y el disfrute de lo cotidiano nos conectaba con mayor profundidad y afirmaba el deseo de compartir la vida juntos. Siempre la quise en mi mundo. En mi día a día. Nunca necesite de la distancia para apreciar su grandeza.

-Fueron contadas las veces que nos separamos temporalmente. Casi todas por alguna eventualidad (por ejemplo, cuando ella se quedaba en casa de sus padres) y por lapsos muy breves. Solo una vez, al comienzo de la relación, nos distanciamos realmente. No logro recordar el motivo: probablemente todavía no había terminado de conocer sus ritmos y necesidades e interpreté mal su actitud. Tuve que pensar nuevas formas para reconectarme con ella. Elegí la palabra escrita: le daba tiempo de leer, procesar y encontrar la manera de decirme cómo se sentía. Fue la primera carta de amor que le escribí y quizás la más significativa, porque jugó un papel clave para que podamos reencontrarnos. Al final, la distancia duró poco. Fue la única vez. Luego aprendimos a entendernos.

-Cualquier sensación negativa por la ausencia temporal de Pao se disipaba con la certeza de su regreso. Nada sirve de consuelo frente a su ausencia abrupta y definitiva. Ahora en mi vida hay un vacío gigante, del tamaño exacto de ella. De repente hay demasiado silencio en la casa. La cama pasó de ser un cálido refugio a un lugar desolado y frio. Los días se tornaron largos y tediosos. Sobra espacio y tiempo. Falta Pao.

-Esperaba no tener que afrontar otra muerte cercana por un tiempo considerable. Lamentablemente la vida insiste en demostrarme que no responde a mis deseos. Olga era mi tía y mi madrina. Unas semanas atrás le había dicho a mi tío que era ella quien debió haber muerto en lugar de Pao. Fue su forma de expresar cuán afectada se sintió por una muerte que consideraba completamente injusta. Sus palabras me conmovieron; en ellas pude sentir el cariño que nos tenía.

-Volver al lugar donde velamos a Pao, para despedir a mi tía, me llevó de regreso a los días más tristes de mi vida. Me quebró. Pienso en el dolor de quienes pierden a sus parejas. En la belleza de compartir una vida entera con un ser querido. En cómo hubiese sido Pao en diez, veinte o treinta años. Recuerdo la conexión que teníamos. Todo lo que perdí. Todo lo que nunca voy a experimentar. Su grandeza. Tendrías que estar acá conmigo, como siempre. Te extraño mucho.

29 de noviembre de 2025

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Una breve, tardía e inoportuna carta de amor (pero necesaria y merecida)

Sentí la necesidad de escribirte, tardíamente, una merecida carta de amor. Espero me concedas el derecho a expresarme libremente PORQUE ES UN PAIS DEMOCRÁTICO. Igual sé que el momento es completamente inoportuno, pero no siempre el contexto para las cartas de amor es el mejor. La historia lo demuestra: separaciones por guerras, exilios, cartas enviadas desde la cárcel, cartas que nunca llegaron o nunca fueron respondidas, amores no correspondidos, etc. No quiero con esto justificarme, me hago cargo de lo inoportuno y quizás por eso me siento un poco como Joe Montana cuando le dice hola a una chica y ella le dice goodbye. De todas formas considero que valía la pena correr el riesgo de quedar como un tonto o un denso para escribirte algo que siempre quise hacer y finalmente nunca hice, antes de que el paso del tiempo nos aleje y hasta nos pueda convertir en dos completos extraños. Además siempre hay cosas peores, como ver El conjuro.

Voy a intentar, como siempre, evitar decir cosas trilladas, frases hechas del estilo “mejor tarde que nunca” o “sos el amor de mi vida”. Tampoco te voy a cantar una canción romántica de Ricky Martín o de Chayanne, aunque si me lo pedís podría hacer la coreo de alguno de sus videos (después lo charlamos cualquier cosa). En verdad, simplemente quería expresarte qué entiendo por amor. Pero no en abstracto, sino en relación a la persona que despierta en mí ese sentimiento.

Desde ya, lamento no haber escrito sobre todas estas cosas con anterioridad. Por muchas razones, pero sobre todo por una bastante sencilla: si te la entregaba cuando estábamos saliendo, seguramente hubiese disfrutado de ver tu reacción. Todavía recuerdo tu expresión cuando te regalé los chocolates con una breve dedicatoria; definitivamente fue un momento muy feliz, aunque puede que haya sido más por los chocolates que por la dedicatoria. Es entendible. En este caso no solo no voy a poder ver tu reacción, sino que lógicamente tu reacción ya no tiene por qué ser positiva, o la esperada. Una posibilidad es que incluso sea de rechazo, tanto que en este momento estés llamando a la policía para denunciarme por pesado y por haber citado a Joe Montana.

También lamento no haber escrito sobre todas estas cosas con anterioridad porque siempre es lindo que la otra persona tenga muy en claro cuál es la impresión y el sentimiento que despierta en uno. Seguramente te expresé esto en persona muchas veces, pero la palabra tiene otro poder y además soporta mucho mejor el paso del tiempo, salvo que quemes estas hojas, para lo cual primero vas a tener que imprimirlas y gastar tinta, que está bastante cara. También podes simplemente borrar el archivo, pero es más dramática la primera opción. Por las dudas asegúrate de tener un matafuego cerca.

No exagero si afirmo que el vinculo sentimental que creamos es uno de los más fuertes y más sinceros que pude establecer con una persona. Y eso tiene mucho que ver con algunas de tus mejores virtudes: tu independencia y madurez, tu inteligencia (vas a ser una gran historiadora, dicho sea de paso), tu sentido del humor (aunque puede que yo sea más gracioso, lo siento), pero sobre todo tu gran compañerismo. Recuerdo tu viaje para comprarme una pelota de básquet y el detalle de la caja, los libros y películas que me regalaste, los sellos soviéticos, las noches que me bancaste mientras estudiaba. Siempre pude contar con vos. Y siempre supiste como hacerme sentir querido y apreciado, sin necesidad, incluso, de decirlo (aunque finalmente también lo dijiste). Nunca hiciste nada ni remotamente cercano a causarme daño alguno. Por eso quedan tantos buenos momentos: los chocolates, las pizzas, los perros acaparando la cama, How I met, las películas de Béla Tarr, los hurritas, Wasted Hours de Arcade Fire, el jugo de mango del Barrio Chino, los sándwiches de Subway, el Barney drogadependiente y el odio hacia la canción Fanática sensual. Todos esos momentos, entiendo, resumen el amor que supiste despertar en mí mejor que cualquier frase hecha o cualquier poema tomado de alguna recopilación elaborada por un vendedor ambulante en el subte.

Claro que también tenías tus cosas negativas, por ejemplo, tu color de piel, AH RE RACISTA (en mí época se usaba mucho el “ah re”). O las bandas indie nacionales que solés escuchar, pero incluso esas cosas pasan a extrañarse cuando uno quiere tanto a la otra persona. También hay cosas que no voy a poder superar nunca ante tu ausencia: que se queme una lamparita, que aparezca una cucaracha o araña en el cuarto y la falta de videos de perritos y gatitos. Podría seguir nombrando elementos que demuestren lo profundo de mi cariño hacia tu persona, pero en el título dije que la carta era breve y no quiero romper mi palabra. Tampoco borrar el “breve” del título porque queda lindo.

Espero que puedas valorar positivamente la relación que tenemos, sea para que entiendas que aún es posible que la continuemos, o simplemente para que el mero recuerdo de esos momentos positivos te pueda sacar una sonrisa cuando sea necesario. Demás está aclarar que mi opción es la primera, y que si no quedó claro puede resumirse en las siguientes palabras: vamo a calmarno, y veamos El conjuro 2. Y también espero que igual sigas tan preocupada como hace unas semanas por ver qué me vas a regalar para mi cumpleaños. CON LOS REGALOS NO SE JODE.  

Te amo negrita. Mucho.
Matías

                                           La carta de amor - Jean-Honoré Fragonard

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