Compañeros de viaje
Hace unos años, luego
de finalizar un curso de astronomía en el Planetario, Pao me escribió un
mensaje en una tarjeta; del otro lado dibujó a la Tierra y la Luna, con una
órbita de corazones (a veces era muy goma a su manera).
Para Mati:
Desde hace unos 4500
millones de años la Luna y el planeta Tierra viajan unidos, acompañándose en un
tránsito imparable a través de la inmensidad del cosmos. En cada nuevo mes que
recorren juntos se abrazan y se sueltan un poquito, pero nunca se alejan lo
suficiente para perderse uno del otro.
Por supuesto, sabemos
que llegará el día en que el calor que los alimenta se va a extinguir por
completo, pero entender -pensar o imaginar- que cuando estén en el límite de la oscuridad -para
uno, para el otro o para ambos- van a seguir estando juntos es una idea que me
reconforta. Me permite mirar el cielo y alegrarme -emocionarme- después de
asustarme por lo chiquitos que somos.
No podría reflexionar,
decir (escribir, mejor dicho) esto si no hubiera llegado a la alentadora
certeza de querer que mi vida gire en conjunto con tu vida, para asustarme
-cada vez que mire hacia arriba- y para alegrarme –cada vez que te encuentre
cerca mío.
No importa si es hasta que
nos choque un meteorito gigante, la contaminación atmosférica nos deje sin
oxígeno o Pixie nos aplaste mientras jugamos.
Desde lo más profundo
de estos huesos plagados de materia estelar, te amo.
Pao
Mientras lo releía, recordé una frase que solía decirme con frecuencia: si te
pasa algo, no voy a poder seguir viviendo. No es que sus palabras me enojaran;
ella era completamente honesta y nada de lo que dijera o hiciera podía
enojarme. Pero un poco me inquietaban, porque lo último que deseaba era pensar que
no iba a seguir adelante: recibirse, ser bibliotecaria, investigar, volver a
amar o lo que quisiera hacer. En fin, seguir existiendo y seguir siendo Pao.
Por eso mi respuesta habitual era la esperada: vas a estar bien, tu familia y
amigos te van a apoyar, tenés toda tu vida por delante, vas a construir nuevos
vínculos, etc. Sin embargo, ahora siento que tardé en comprenderla; en entender
el dolor que implica continuar transitando la vida sin la presencia de la
persona que más amamos.
18 de junio de 2025


