Diálogos

 

-“Aún estás atravesando el duelo”. “Aún hablás de Pao”. Me resulta problemática esa concepción que postula un camino progresivo hacia un punto final ideal: la “superación" y el retorno a la “normalidad”. No se trata de superar, olvidar o negar a los muertos. De desprenderse de todo lo que nos recuerde a ellos para dejar entrar lo "nuevo". De apartarlos y enterrarlos. Se trata de hacerles un lugar y mantenerlos cerca de nosotros. De crear rituales. De honrarlos.

-Escribir no se reduce a hablar sobre ella: es un modo de dialogar con ella. No porque crea en una presencia espiritual o imagine que sigue viva en otro plano, sino porque me ayuda a reconocer que Pao es parte de mí, para siempre. Que continúa actuando en mi vida: en cada decisión, en mi forma de estar, en lo más íntimo de quien soy. Deseo que tenga el espacio que merece. Al menos hasta que la muerte también me encuentre, y con suerte, alguien me recuerde y me traiga, aunque sea por un instante, de regreso al mundo de los vivos.

-Solo una vez me pareció escuchar su voz. A ella le costaba despertarse y no encontrarme a su lado. Su primera reacción era pensar que me había pasado algo grave. Entonces se levantaba, caminaba preocupada hasta la cocina o el baño y con su voz tierna preguntaba: “¿gor? ¿Estás ahí?”. Después de su muerte, una mañana creí escuchar ese “gor” con su misma voz. Mi cerebro me engañó de alguna extraña y cruel manera, pero lo sentí tan real que tardé días en recuperarme. Con el tiempo aprendí que lo mejor era avisarle cuando me levantara. Eso la calmaba y seguía durmiendo tranquila. Ahora soy yo el que despierta y no la encuentra.

-Siempre sueño con ella, pero mis sueños se transformaron: pasaron de ser traumáticos a estar llenos de vida. Compartimos momentos, charlamos, reímos. Son sueños felices que me recuerdan lo que era ser feliz. Pero despierto y estoy solo. Acostarse siempre es complejo (dormimos diez años felizmente abrazados), pero despertarse es aún más difícil: implica enfrentarse con el mismo pensamiento y con el mismo vacío. Una y otra vez.

-Entonces me levanto, la busco en los recuerdos y escribo sobre ella. Le hago un lugar. Dialogamos. Y encuentro un poco de paz.

20 de noviembre de 2025

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