Dos meses sin Pao

 

Los duelos de parejas a las que amaste tanto y con las que compartiste tanto son muy difíciles. Uno entra en un proceso depresivo que al principio la mayoría entiende y se presta a acompañar, pero que al extenderse te lleva inevitablemente a quedarte solo con tu dolor. En esa soledad, uno tiene tiempo de sobra para pensar y recordar. Comparto algunos fragmentos sueltos.

-Como ateo, no espero reencontrarme con Pao. Sé que la perdí para siempre. El recuerdo es lo único que queda, lo único que permite cargar con la ausencia física. Y entonces uno va desarrollando el miedo a que el paso del tiempo y el deterioro de la mente te lleven a olvidar detalles e incluso eventos importantes. No tengo audios ni videos de ella. Si tengo todos los recuerdos de lo que vivimos juntos, objetos, sus cartas y las mías, nuestros mensajes en Telegram y algunas pocas fotos. Siento que nada de eso alcanza y por eso escribo mucho para mí y para ella (pensamientos, recuerdos, momentos, alegres o tristes, lo que sea). Me resisto a olvidar.

-Luego de la muerte (incluso antes, ya desde la internación), se produjo una especie de posesión que me llevó a sentir como propios gustos y miedos que eran característicos de su personalidad y que antes no compartía. Por ejemplo, me molestan los mismos ruidos y olores que le molestaban a Pao, me encuentro pensando y haciendo cosas de la manera en que ella lo hacía, o leyendo y mirando cosas que le gustaban a ella. Creo que es una forma inconsciente de sentirse más cerca.

-En un primer momento, la culpa ocupa un lugar central. Culpa de no haber dicho o hecho algo, de no haber mostrado más cariño, de haber discutido por alguna nimiedad, de haberte quedado mirando videos boludos en alguna red social en lugar de charlar con ella o leer un libro juntos. Y la peor de todas, de haber fallado, incluso sabiendo que hiciste todo lo posible y más.

-Una de las cuestiones más difíciles de asimilar es que el mundo sigue sin Pao. Afuera sale el sol y la gente es feliz haciendo su vida cotidiana. Vos entendés que eso es lo normal, pero emocionalmente es imposible de procesarlo e incluso te genera bronca contra todo aquello que suene positivo o feliz (no puedo ni pensar, por ejemplo, en la llegada de la primavera o en las vacaciones de verano). Te recuerda, imagino, la felicidad que perdiste de forma tan abrupta.

-No solo extraño su presencia, seguir haciendo cosas juntos y compartiendo los detalles cotidianos (a menudo, sin darme cuenta, me encuentro pensando en compartirle algo). También me interesa, más que nunca, el pasado que no viví con ella. Me gusta saber de su familia, de sus historias pasadas y ver fotos de tiempos en que no la conocía.

-El mundo queda marcado por los lugares y las costumbres que me recuerdan a ella, casi siempre con un resultado emocional devastador, sobre todo cuando es repentino. Los lugares que habitamos juntos son ahora espacios desolados.

-No fue mi única relación, pero si la más extensa y significativa. Para Pao fue su única relación de pareja. Creo que la conocí mejor que nadie y ella podría decir lo mismo de mí. Me gustaba sentirme observado por sus ojos. Ella podía ver algo en mí que nadie vio y que incluso yo nunca creí posible. Me hizo sentir indispensable en su vida. Su felicidad era mi felicidad: cuando ella estaba bien, yo sentía que era bueno en algo y que el mundo tenía algún sentido. Ahora considero que ese nivel de confianza no se va a repetir nunca más en mi vida. No hay consuelo para esa intimidad perdida.

-La primera vez que la vi me esperó en un bar que ya no existe más, en Wilde. Cuando llegué, ella estaba estudiando, ya había tomado su café pero no había comido las medialunas (detestaba cuando le ponían mucho almíbar). Por eso, y porque me vio cara de gordito, me ofreció que las comiera y yo creo que le dije algo como “desde que entré, estaba esperando que lo menciones”. Después siempre le comentaba, obviamente en chiste, que ese fue su primer gesto de amor y que ahí comenzó todo. La segunda vez que la vi fuimos a ver una película muy mala de terror que no le gustó a ninguno, pero que nos demostró a nosotros que teníamos mucho en común y que la pasábamos muy bien (lo que no sabíamos es que íbamos a terminar viendo cientos de películas juntos). No pasó mucho tiempo hasta que nos dimos un beso y comenzamos a compartir más tiempo. Desde que empezamos a estar en pareja no nos separamos nunca y dudo que algo más que la muerte nos hubiese separado.

-Una de las sensaciones más lindas era volver a vernos luego de que alguno de los dos haya estado, durante el día, un largo rato afuera. Siempre fuimos de irnos a buscar a la parada del bondi. Y siempre, ante la primera mirada, ambos inmediatamente sonreímos, como alegrándonos de saber que seguíamos estando el uno para el otro.

-Estábamos hechos para transitar juntos la vida y se dio la casualidad de que pudiéramos encontrarnos y compartir diez años hermosos. Debieron haber sido muchos más. En todo este tiempo que pasó desde su partida no dejé de pensar en Pao ni un solo minuto. Se perfectamente que de no haberla conocido no habría sabido jamás que un amor tan noble pudiera existir en realidad. Descubrí, gracias a ella, lo que era sentirse plenamente feliz y en paz. Ahora ya no concibo nada que pueda darme una alegría. Incluso cuando me encuentro riendo por algo siento que no es honesto y enseguida regresa la tristeza y la angustia.

1 de agosto de 2025

Entradas populares