El tiempo de Pao
-Pao solía decir que no tenía ritmo, que no había sido bendecida con esa gracia. Quizás por eso no le gustaba bailar; ni siquiera lo intentaba. Sin embargo, al menos en dos ocasiones lo hizo. La primera, una mini-Pao que bailó folklore en el acto de salita de cinco. La segunda, cuando en chiste le propuse practicar el vals para nuestro hipotético casamiento.
-Con Pao descubrí que la vida podía tener otro ritmo, más pausado y reflexivo. El tiempo de la espera, de la calma; de estar presente y disfrutar la belleza de lo efímero. Me cuesta entender a quienes viven acelerados y necesitan hacer algo "productivo" en todo momento.
-Pao me ofrecía el regalo más grande que alguien puede dar: su atención. Disfrutaba compartiendo conmigo, dedicándome tiempo, celebrando lo cotidiano. Me escuchaba con amor y curiosidad. Sabía cuándo abrazarme y cuándo darme espacio. No siempre podía resolver mis problemas, pero siempre me ofrecía su cariño. Era suficiente para sobrellevar cualquier cosa.
-Una vez, unos estudiantes me regalaron un peluche con forma de corazón que decía “vive”. Se lo di a Pao y lo resignificamos. Ya no era un vivir optimista, de experiencias intensas. Era vivir, en el sentido literal. Le dije que cuando se sintiera mal, debía mirarlo y recordar que su tarea era seguir existiendo. Una vez que pasara el mal momento, íbamos a seguir encontrando felicidad en lo compartido. El corazón sigue ahí, pero lo di vuelta. No quiero que me recuerde que tengo que vivir.
-Nunca aprendí las reglas gramaticales. Cuando escribo, me baso en lo que creo que suena bien. Pao sí las conocía. Necesitaba reglas para su vida. Y escribía con una voz propia que yo nunca encontré. Me gustaba consultarle todo. Ahora sigo pensando qué hubiera dicho ella, pero es absurdo. Estoy solo.
-Solo puedo amar si admiro a la otra persona. Y a Pao la admiraba completamente. Compartíamos una forma de ver el mundo. Me encantaba charlar de todo con ella. Nunca pronunció una palabra que me avergonzara. Nunca opinó sobre los demás, sobre sus vidas, sus cuerpos, sus elecciones. Era profundamente inteligente, sensible y respetuosa. Era todo lo que estaba bien. Su ausencia es cada vez más insoportable.
22 de octubre de 2025


