La primavera sin vos
No sé qué hacer con la llegada de la primavera, tan cercana. Siempre la asocio a Pao: al mes de su cumpleaños, al tiempo en la huerta, a su amor por las flores y al asombro por los insectos, a los paseos compartidos, a su sonrisa, a su forma de capturar la luz con la cámara. No tengo claro qué hacer con esos recuerdos que irrumpen; con el pasado y con los días que se aproximan. No sé cómo enfrentarme a la indiferencia de la naturaleza, que no se preocupa en absoluto por mi dolor; a los cambios de estaciones y las señales de renovación, que en lugar de alegría me generan más ansiedad y tristeza. En definitiva, no sé qué hacer con el paso del tiempo: con su poder para alterar espacios, desdibujar detalles, robarnos objetos y transformar momentos significativos.
Si ella estuviera conmigo, nada de esto tendría mayor importancia. Podríamos vivir nuevas primaveras. Compartir otros momentos, descubrir lugares desconocidos, habitar espacios nuevos, dar sentido a otros objetos. Surgirían nuevos detalles y anécdotas que repetiríamos hasta volverlas nuestras. Nada de eso es posible ahora, y cada cosa que se pierde se lleva también un fragmento de lo que vivimos juntos. Quizás escribir y compartir mis sensaciones sea una de las pocas formas de seguir conectándome con lo humano en estos tiempos; de encontrar un poco de alivio y aferrarme a la memoria de los momentos compartidos con Pao. A nuestra historia de amor, que es lo único que sigue dándole sentido a mi vida. Lo único que puede salvarme.
1 de septiembre de 2025



