Sobre la muerte

 

-La propia muerte no puede ser experimentada por uno mismo: cuando morimos, ya no existimos como para percibirla. Pao era muy consciente de ello y su deseo era que encontremos el asombro en la finitud de la existencia. Rechazaba categóricamente cualquier consuelo ilusorio y nunca esperó que haya continuidad después de la muerte.

-Mi verdadero temor nunca fue mi propia muerte, que no voy a experimentar, sino la muerte del otro cercano, del ser más querido. Pao fue la persona más hermosa que conocí en mi vida. Su partida fue lo más similar a vivir mi propia muerte sin serlo. Aunque no es uno quien muere, la persona que fui ya no existe más y aún no sé bien qué es lo que sobrevive.

-Hubiera deseado morir en lugar de Pao, pero lamentablemente la muerte es intransferible. Acompañé su dolor incontables veces, pude compartirlo y sacrificarme por ella, pero nadie puede morir por otro, incluso cuando amamos tanto que quisiéramos hacerla nuestra.

-En la esquina de Merlo y Las Flores, en Wilde, había una pintada simple e irrefutable: "Hoy estoy, mañana no sé". Desde niño y durante muchos años, la veía todos los días al pasar con el colectivo. Fue quizás mi primer contacto con la fugacidad de la vida, pero solo con la muerte de Pao alcancé a comprender su verdadera dimensión.

-El dolor por la muerte de un ser querido se apacigua al ser compartido con otros, pero para los demás mi pérdida es la muerte de un otro lejano. Por eso, más allá del impacto que la noticia puede causar, para el resto la vida sigue igual. Como dice Piedad Bonnett, "los demás están conmocionados, tristes. Pero el muerto es otro. Ya les tocara a ellos, pero todavía el turno parece lejano".

-Luego de la muerte de su madre, Barthes escribió: “ahora, por todas partes (…), veo a cada individuo bajo la especie del que-debe-morir, ineluctablemente, es decir muy exactamente del mortal. –Y, con no menor evidencia, los veo como no sabiéndolo”. Comparto la sensación, pero creo que todos somos conscientes de nuestra finitud. Sabemos que algún día moriremos, pero reservamos la muerte para los otros, como si así pudiéramos aplazar la nuestra.

-Desde que Pao murió me dediqué a leer, de forma casi obsesiva, una serie de libros sobre el duelo. Quería entender como otras personas viven la pérdida de un ser querido. Experimentar sus sensaciones; sentir el amor, el dolor, el miedo y la desesperación. Los más significativos: El jardinero y la muerte (Gospodínov), La ridícula idea de no volver a verte (Montero), La invención de la soledad (Auster), Diario de duelo (Barthes) y Lo que no tiene nombre (Bonnett).

-Con Pao amábamos un fragmento de una poesía de Olga Orozco: “he oído en el pan que cruje a solas el pequeño rumor con que me nombras, tiernamente, en secreto, con tu nuevo lenguaje. Lo aprenderé, por más que todo sea un desvarío de lugares hambrientos, una forma inconclusa del deseo, una alucinación de la nostalgia”. Hoy me encuentro buscando señales de su presencia en su ausencia, aprendiendo nuevos lenguajes para dialogar con ella. En parte es una ilusión, pero en parte también es una realidad: Pao dejó su huella en mí y en los detalles cotidianos que solo nosotros conocíamos. El amor de Pao hizo “que la luz fuera visible”. Frente a la oscuridad de su muerte busco recuperar, aunque sea un instante, esa luz perdida.

-Sin embargo, la vida es física. Necesitamos de la presencia real de nuestro ser amado. De su cuerpo, sus palabras, sus gestos. Cuando notaba que el ojo derecho de Pao empezaba a latir, sabía que estaba nerviosa. Podía anticiparme y ayudarla a calmarse. Un abrazo, un beso, una caricia. O simplemente estar ahí y acompañarla. Nada puede aliviar el dolor de la ausencia.

 -Siempre creí que la muerte daba sentido a la vida: si no vamos hacia ninguna parte, si la muerte es la no-existencia, la nada misma, entonces la vida se vuelve infinitamente preciosa. De esta manera, podemos abrazar el absurdo y darle sentido al no-sentido. La muerte de Pao cambió todo: ¿cómo seguir viviendo, entonces, cuando ya nada tiene sentido?

-Como la muerte, el amor que construimos con Pao es eterno. Nuestros días de vivir la vida juntos terminaron, pero nuestro cariño permanece.

-Memento illam vixisse. Deseo amarla y recordar su vida hasta el día de mi muerte. Esa es mi única certeza

11 de noviembre de 2025

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