Su manera de ser feliz
-Pao no se vinculaba en
absoluto con el dinero. Nunca quiso tenerlo. La posesión de cosas materiales le
resultaba ajena y no le agradaba que gastaran plata en ella.
-No podía aceptar un
regalo si percibía que era costoso (y para ella, casi todo lo era). Si
insistían, no dudaba en devolverlo. No estaba dispuesta a ceder en sus
principios.
-Prefería que yo me
encargue de administrar los gastos de la casa y de pensar la mejor forma de
sobrevivir. Para Pao, el hogar era donde sea que pudiésemos estar juntos. Mirar
una película, estudiar, disfrutar de una comida, jugar con los perros.
Compartir tiempo. Es todo lo que necesitaba.
-Las cosas que le
generaban felicidad no podían comprarse o eran muy asequibles. El único motivo
por el cual le hubiese gustado tener plata era para entrar en una fiambrería y
comprar todo tipo de quesos sin mirar los precios (solo los ricachones, me
decía, podían hacerlo).
-Le encantaba comer
todo tipo de sándwiches y esa era una de las razones por las que no podía ser
completamente vegetariana. Sus lugares preferidos eran El sanguchazo, frente a
la cancha de Arsenal, y la feria de comida francesa, donde iba directo a buscar
su sándwich de queso brie, jamón crudo y rúcula.
-Cuando comía algo que
disfrutaba, sonreía de una manera especial y sus ojos brillaban. Recuerdo un
día en que la noté triste y le pedí su plato favorito sin avisarle. Debo
admitir que nunca me miró ni me sonrió como lo hizo con ese plato. Para
levantarle el ánimo siempre pude recurrir a la comida. Con seguridad, el
serenito con pelotitas de chocolate fue lo más efectivo.
-Durante su internación
sucedió algo similar. En el primer hospital, para desayunar y merendar le daban
mermelada. Como no era su mejor opción, prefería comer solo unas galletitas sin
mucha gracia. Pero en el segundo, cuando le trajeron manteca y queso, su rostro
se transformó y pudo recobrar la felicidad por un momento.
-Lo realmente valioso:
compartir la alegría de un pan con manteca en un momento difícil.
-Pao vivió la vida a su
manera y eligió compartirla conmigo a lo largo de una década. Sin planearlo, me
regaló los mejores años de mi vida. No le hizo falta gastar ni un solo peso.
21 de septiembre de 2025



