Contradicciones
-Me gusta detenerme en las mismas historias sobre Pao. Tomarme el tiempo para reconstruir su personalidad. Sus formas, sus gestos, sus palabras. Recuerdo especialmente su ternura,
incluso en las situaciones más complejas: durante la internación, un día llamó al
médico para hacerle, según sus palabras, una pregunta estratégica. El médico
se asustó. Yo también. Pao solo quería saber si podía tomar un jugo de manzana,
pero se divirtió formulándolo de esa manera. Nos reímos, y el médico, obviamente, le permitió el jugo. Todo el personal advirtió con rapidez esa ternura
y la convirtieron en la paciente mimada del hospital. ¿Cómo no voy a volver, una y otra vez, sobre esos momentos?
-A veces me encuentro buscando sus características en otras personas. Sus manos pequeñas, sus rasgos andinos, su estilo de humor, sus actos de ternura, sus expresiones de timidez. Sé que no tiene sentido, que cada persona es única y que no hay nadie como ella. Sé que nunca voy a volver a experimentar lo que era estar a su lado. Y esa certeza es, precisamente, lo que más duele.
-Pao siempre fue clara en su deseo: si a ella le pasaba algo, debía encontrar la forma de estar bien y abrirme a la posibilidad de volver a amar y recibir amor. “Vas a encontrar alguien que te quiera como yo te quiero”, insistía. Para mí, la idea de una vida sin ella era absurda. Estaba convencido de dos cosas: que yo iba a morir primero; y que cualquier sentimiento de amor estaba ligado de forma directa e irrevocable a ella.
-Nunca me fue demasiado difícil atravesar una ruptura amorosa. Jamás me tocó estar del lado de quien deja de amar y debe buscar la forma de comunicarlo. Siempre lo viví del otro lado. De cualquiera manera es lo mismo: cuando el amor se termina, solo queda aceptarlo, intentar que todo sea lo más simple posible y pensar que en el futuro se puede conocer a otra persona más compatible, con quien volver a intentarlo ¿Cómo se procesa una tragedia? ¿Cómo se continúa cuando el final es abrupto, forzado, injusto? Nunca dejamos de amarnos. Mi amor sigue estando ligado de forma directa e irrevocable a ella.
-Con el paso del tiempo se supone que uno debería comenzar a sentirse mejor y a experimentar sensaciones positivas. Es lo que dicta el sentido común. Mi experiencia no encaja del todo. Efectivamente, con el transcurso del tiempo vas creyendo que estás un poco mejor y que podés comprometerte a hacer cosas que antes eran impensadas. Desde luego, deseas vivir alguna experiencia que te recuerde cómo se sentía disfrutar un momento de felicidad. Pero la sensación positiva resulta extraña: se siente ajena, se tiñe de una culpa agobiante.
-Unos pocos días después de la muerte de Pao me llamaron del hospital para decir que su medicación estaba lista para retirar. Cualquiera puede imaginar la angustia: era la última medicación antes de terminar la primera fase y recibir el alta para continuar el tratamiento desde casa. Cada sábado, cuando paso por la puerta de ese mismo hospital de camino al trabajo, evito mirar el edificio, como si de esa forma pudiera sentir menos dolor. Sin embargo, entiendo que es esperable y necesario lidiar con la tristeza. Lo que todavía no logro saber es qué hacer con cualquier sensación que se vincule de alguna manera con la felicidad. Será que me recuerda, con mayor crueldad, lo que perdí para siempre.
-Dos pensamientos irracionales me visitan con frecuencia. El primero se relaciona con la culpa: ¿por qué sigo acá? No puedo evitar pensar que es injusto con ella. El segundo, con un deseo: si muero, quiero que mis cenizas queden en una urna junto a la suya. Sé que una vez muerto no me voy a enterar; que no voy a existir más y que por lo tanto no tiene ninguna relevancia. Como gesto simbólico, me permite pensar en permanecer unido a ella, aunque no sea más que un autoengaño.
-Hoy se cumplen siete meses de su partida. Finalmente, no importa cuánto tiempo transcurra ni cuántas cosas intentes. No importa cuántas veces sientas que das un paso hacia adelante. Siempre regresa la misma idea: que la vida sin Pao es absurda. Que desde el 1 de junio nada vale la pena.
1
de enero de 2026
Imágenes usadas por Pao como fotos de perfil en sus redes sociales.



