Solo la muerte nos define
-En marzo de 2025 comenzaron los primeros síntomas. Todo avanzó muy rápido. Un nuevo síntoma tras otro. El 3 de abril fuimos al hospital, con una orden de internación inmediata. Poco después le diagnosticaron leucemia aguda linfoblástica. El 1 de junio falleció. Unas semanas antes le habían dicho que era muy probable que le dieran el alta, para continuar el tratamiento en casa. Ambos sonreímos, pensando que todo el esfuerzo valía la pena y que aún quedaba mucho por delante. Todo puede cambiar, de un día para otro.
-Le pregunté a varios médicos los motivos por los cuáles surgen este tipo de enfermedades. Todos me dijeron lo mismo: es azar; mala suerte. No se puede detectar, no se puede prevenir. Aparece. Irrumpe, de un momento a otro, sin razón aparente. Y no te da tiempo de asimilarlo. También la muerte aparece de un momento a otro. Y tampoco te da tiempo de asimilarlo. Insisto: todo puede cambiar, de un día para otro.
-Pao no sentía vergüenza al nombrar su enfermedad. Era una persona práctica y sencilla. Cuando perdió todo su pelo, sonrió aliviada: ya no vamos a tener que renegar para lavarlo y peinarlo. Le hizo frente a su enfermedad con una valentía que solo puede generarme admiración. Y aunque todo puede cambiar, de un día para otro, hay algo que no va a cambiar nunca: mi orgullo y mi amor por ella.
-El 1 de marzo se cumplieron nueve meses de su muerte. Esa misma noche soñé con ella. Una amiga nos contaba que se había separado de su pareja. Yo respondía que era algo normal y que solo algunas parejas —como la mía— podían durar para siempre. Pao, que estaba a mi lado vestida con un camisón blanco, puso en duda mi afirmación. Me recordó que poco tiempo atrás había estado cerca de morir por una enfermedad. Me desperté sumamente exaltado. Esa noche me desperté varias veces, atravesado por un dolor de cabeza muy intenso y, sobre todo, por esa sensación pesada que vuelve cada primero de mes y que me recuerda lo difícil que es aceptar que la persona amada ya no va a regresar.
-Varias personas me dijeron que conocieron a Pao a través de mis palabras. No solo quienes nunca habían oído hablar de ella, sino también quienes compartieron algún momento, algunas palabras, alguna breve interacción. Pao era muy reservada. Tal vez solo su familia y yo llegamos a conocerla realmente. Quizás por eso empecé a escribir. Necesitaba que, a través de mi recuerdo, ustedes pudieran animarse a conocerla y a recordarla conmigo. Claro que ahora tampoco van a conocer realmente a Pao. Solo van a acceder a mi memoria sobre ella, a mi subjetividad. A mi montaje de los fragmentos de su vida. Pero siento que eso es suficiente para que puedan acercarse a apreciar al menos un poquito de su inmensa belleza.
-Esa belleza puede verse con claridad incluso en algo tan simple como una conversación cotidiana por Whatsapp. Hasta hoy me cuesta mucho volver a leer nuestras charlas. No son tantas. Nuestra relación nunca fue virtual y Pao apenas usaba redes sociales. Siempre usamos Telegram, así que casi no tenía motivos para revisar nuestras conversaciones por Whatsapp. Pero el otro día noté algo: su foto ya no estaba. No lo había pensado antes. Me agarró por sorpresa, viajando en colectivo. Me puse a llorar. La tristeza me llevó a entrar al chat en busca de algún recuerdo que pudiera calmarme. Otra vez, algo que cambia de un día para otro.
-Pao
no era una persona optimista. Con ella misma, de hecho, podía ser muy negativa.
Sin embargo, cuando notaba que yo estaba mal dejaba de lado su pesimismo y se
transformaba en una persona positiva pero con un gran sentido de la realidad y
una enorme sensibilidad. No era un optimismo vacío. Nunca minimizaba mis
miedos. Sabía dar lugar a mi malestar e incluso a mi desesperación, pero
después encontraba la forma precisa de contenerme. Siempre lograba decir lo
necesario para recordarme que no era el fin del mundo y que, aunque fuera
difícil, entre los dos íbamos a poder resolverlo. Con ella me sentía seguro. Y
pensé que eso iba a durar para siempre. Pero, como ya habrán aprendido, todo
puede cambiar de un día para otro.
-Cuando nada funcionaba para calmarnos teníamos un recurso final: la foto del perro canguro. Si él, a pesar de todo, seguía ahí, nosotros también podíamos seguir adelante. Le dimos a esa foto un valor parecido al que un creyente le da a una estampita de algún santo protector. Hoy me siento un poco estafado. Por el momento guardé la foto en un cajón y renuncié definitivamente a mi única fe.
-En el final de Detrás de un vidrio oscuro (Ingmar Bergman, 1961), el padre le dice lo siguiente a su hijo: “No sé si el amor es la prueba o es Dios. (…) Apoyo mi vacío en ese sentimiento. El vacío se vuelve abundancia, la desesperanza vida. Es como un indulto de una pena de muerte”. Soy ateo y no comparto el sentido religioso de esa frase. Pero sí puedo compartir la necesidad de creer que el amor es lo que puede convertir la desesperanza en vida.
-Pasolini escribió que “es absolutamente necesario morir, porque mientras estamos vivos carecemos de sentido, y el lenguaje de nuestra vida es intraducible”. La muerte, continúa diciendo, realiza un montaje sobre nuestra vida. Selecciona y ordena los momentos significativos —e inmodificables— y transforma nuestro presente —infinito, inestable e incierto— en un pasado claro, estable y cierto. Solo la muerte nos define.
-La muerte de Pao, entonces, sirve para explicar su vida. Le da un sentido definitivo, estable, cierto. Me permite reafirmar quién fue: un ser maravilloso, profundamente humano, que nunca me hizo sentir mal, que siempre supo amarme, acompañarme y contenerme. Con muchos miedos, pero también con una valentía y una fuerza que todavía me llenan de orgullo y amor. Sí, todo puede cambiar de un día para otro. Pero ya nada puede cambiar esa certeza sobre Pao.
-A través de mis escritos busqué unir fragmentos de la vida de Pao e intenté darles un sentido. No sé si elegí los mejores recuerdos, si los ordené correctamente o si la forma de unirlos fue la indicada. Pero si al leer estas páginas ustedes pueden llegar a percibir una pequeña parte de la inmensa belleza que había en ella, entonces este intento habrá valido la pena.
12
de marzo de 2026



