Mientras pueda recordarla

 

-Con cierta timidez, Pao me comentaba que iba a salir con un amigo y que regresaría más tarde a casa. No le dije que me había puesto un poco celoso. Solo atiné a hacer un chiste y ambos nos reímos. Después me desperté. Aún era de noche, pero no pude volver a dormir. El sueño fue breve, aunque alcanzó para dejarme pensando. Nunca fui celoso. Nunca tuve miedo de perderla. Sabía cuánto me amaba. ¿A qué se debía, entonces, ese sueño?

-Desde que Pao falleció tuve, en varias oportunidades, el deseo de terminar con mi vida. Era demasiado dolor. Demasiada oscuridad. Ya no había nada que pareciera tener sentido. Quizás dos cosas me detuvieron. Por un lado, la necesidad de seguir recordándola. Si muero, en gran medida Pao vuelve a morir conmigo. Por otro, mi ateísmo. Entiendo la muerte como un final. No creo que pueda reencontrarme con ella en otro plano. Si hubiese sido creyente, quizás no estaría acá escribiendo esto.

-¿Puede que el sueño no tenga que ver con los celos, sino con el miedo a volver a perderla? Mientras esté vivo y pueda recordarla, Pao de alguna manera sigue presente. ¿Pero qué pasa si me muero? ¿Qué ocurre si el paso del tiempo va borrando los recuerdos de mi memoria?

-Morimos una vez. Luego volvemos a morir, cuando ya nadie nos recuerda. Escribir sobre ella no es solamente un acto de nostalgia. Es una responsabilidad amorosa. No pude salvarla de la muerte física, pero todavía puedo resguardarla del olvido.

-En un mundo donde todo se registra y se comparte en redes sociales, Pao eligió no dejar  huellas visibles de su existencia. Siempre lo respeté, porque era parte de su encanto, de su particular manera de ver el mundo y de vivir. Nunca pensé en los efectos que eso podría tener si algún día le pasaba algo, porque jamás imaginé esa posibilidad. Hoy sé que esa falta refuerza su ausencia. Y me duele mucho. Necesitaba encontrar nuevas fotos.

-Una extraña sensación de alegría se apoderó de mí cuando, finalmente, descubrí unas pocas imágenes de Pao que nunca había visto. Fue como reencontrarme con ella por un momento. Un estímulo para la memoria. Una prueba de que todavía quedaban cosas por descubrir. Sentí que los recuerdos de Pao estaban a salvo por un tiempo más.

-Sin embargo, esa presencia que construyen las fotos también refuerza la ausencia. Nos muestran lo que existió, pero también lo que ya no está. La sensación de alegría fue efímera. Después regresó el vacío de siempre. Fue como perderla otra vez, por un momento.

-De todas formas, sigo creyendo que encontrar esas fotos fue algo bueno. Me permitió recordar algo esencial de Pao: su dualidad. Ella misma sentía que había dos Pao. Una era la que mostraba al mundo. Como creía no tener la capacidad para interactuar socialmente y cumplir con las expectativas ajenas, cuando necesitaba hacerlo solo le quedaba ponerse una máscara y actuar. Aun así, nunca sentía que fuera suficiente. Pensaba que todo ese esfuerzo —que la agotaba profundamente— no valía la pena, porque igual no lograba encajar.

-Pero había otra Pao, a la que casi nadie podía acceder. La que no necesitaba actuar. La que no tenía miedo de expresarse ni de hacer chistes. La que no tenía que esconderse cuando se sentía mal o se desregulaba. La que estaba cómoda consigo misma, con su sensibilidad, con sus momentos de amar la vida y también con sus pensamientos más oscuros. Las fotos me recuerdan que Pao me dejó conocerla de verdad —aunque sé que hubo partes de sí misma que siguió guardando solo para ella—. Y me siento privilegiado por eso.

-Detener la mirada en esas nuevas fotos me llevó también a desbloquear recuerdos. A encontrar detalles nuevos. A apreciar otra vez su belleza. A entender que nunca podré mirar a nadie como la miraba a ella. Que esa forma de amar fue única. Que la sigo amando. Que la extraño muchísimo, todos los días. Que cada vez que digo o escribo esto termino llorando. También me ayudó a entender que mi propia vida, después de su muerte, está atravesada por otra dualidad: antes y después; presencia y ausencia; calma y caos. Que el miedo a perderla por segunda vez va a acompañarme siempre. Y que no puede ser de otra manera.

-Algún día moriré. Algún día mi memoria podrá fallar. Mientras tanto, haré mi mayor esfuerzo por cuidar todo lo que siga hablándome de Pao. Por proteger su recuerdo. Mientras pueda recordarla, no volveré a perderla.

25 de febrero de 2026

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