La forma en que la recuerdo

 


-El dolor por la pérdida de Pao se intensifica en fechas específicas del año. A veces es un aniversario. A veces el comienzo de un mes, una estación o un ciclo. Son momentos que reactivan ciertos recuerdos que parecen haberse atenuado, pero que en realidad siguen ahí, esperando volver con la misma intensidad de siempre. El 1 de junio es una de esas fechas. Probablemente la más compleja de todas.

-Durante mayo reviví todo el proceso de la internación. Y a medida que me acercaba al final del mes, la angustia se hizo más difícil de manejar. No fue algo consciente. Por más ganas que uno tenga de vivir, el cuerpo se prepara para la muerte. Para la llegada del 1 de junio. Aún no sé cómo voy a afrontar ese día. 

-Varias noches me desperté pensando en el instante en que todo cambió. En la mirada de preocupación de la doctora cuando le mostré una roncha extraña que había aparecido en el brazo de Pao. Noté que ella sabía que eso no debía estar pasando. Que era una pésima señal. Quisiera no recordarlo, pero mi cabeza vuelve constantemente a esa escena. Al principio del fin.

-Intento pelear contra esos recuerdos de su muerte. Alejarlos. Entonces busco fotos suyas. Imágenes de su vida. Y así encuentro una foto que no conocía y que la representa mejor que cualquier otra. Siento que así era Pao. Con su rodete. Con sus anteojos rojos. Con la remera rayada que me había robado. Con su arito en la nariz. En esa casa. En esos años, allá por 2020 o 2021. Con esa pose y esa seriedad tan particular. Con su mirada tierna. Con su piel suave y orgullosamente marrón. Con su juventud y su belleza. Con toda una vida por delante.

-Hace unos días tuve que tomar otro ramal del 159. Uno que me deja en Mitre y Las Flores, a unas cuadras de donde vivimos juntos durante años. Cuando bajé del colectivo entendí que el cuerpo tiene memoria y que puede confundirnos: por un instante, pensé que tenía que pasar por el kiosco que está a unos metros de la parada, comprar un Block o un Capitán del Espacio y apurarme para llegar a casa y cenar con Pao. Duró apenas unos segundos, pero durante ese breve lapso sentí que estaba todo bien. Que no había pasado nada. Que seguíamos en 2020 o 2021. Que era un día común y corriente de nuestras vidas. Que éramos felices.

-Este mes también volví a soñar con ella. Recuerdo dos sueños en particular. En el primero estábamos juntos en casa, como si nada hubiese pasado. Sin embargo, le decía que “estos diez años no fueron en vano” y le mostraba todo lo que escribí sobre ella. Como si en el sueño supiera que en realidad ya no estaba. Como si me estuviera despidiendo. En el segundo estaba caminando y terminaba en medio de una especie de show evangelista en una plaza. Una señora, muy emocionada por la actuación de su hija, me abrazaba. Yo me sentía incómodo, pero no encontraba la forma de irme. Al menos hasta que Pao, que estaba en la vereda de enfrente, vino a rescatarme. Como si siguiera protegiéndome.

-Mi cuerpo, mis sueños, mis recuerdos: todo insiste en decirme que ella todavía está acá. Sé que es irreal. Que Pao ya no está. Que no hay nada después de la muerte. Sin embargo, muchas veces siento que lo verdaderamente irreal es todo esto que vino después del 1 de junio. Como si nada de lo que ocurre ahora debiera haber pasado nunca. Quizás lo mismo que percibió aquella médica en ese instante que no puedo dejar de recordar: que esto no está bien, que no debería estar ocurriendo.

-Hace unos días me apareció otro recuerdo doloroso. Una red social me mostró una publicación de hace exactamente un año: el flyer para pedir donaciones de sangre y plaquetas para Pao. Me sugería subir una foto actual para comparar “el pasado y el presente”. Cuando compartimos algo, rara vez imaginamos cómo ese momento puede quedar guardado y volver a nosotros más adelante. También me hizo pensar en los perfiles de personas fallecidas que quedan abiertos y se llenan de mensajes de cumpleaños o de despedida. Seguramente sea una forma más de creer en la continuidad de la vida luego de la muerte. Ni Pao ni yo creímos nunca en algo así, pero sí en otro tipo de continuidad: en la presencia de una persona a través de las enseñanzas; en la persistencia del vínculo a través del recuerdo.

-Mayo representa para mí el mes más triste del año. La pérdida de todo lo que amaba. La reaparición de las imágenes de su muerte. No puedo dejar que permanezcan. Que se impongan sobre el resto. Necesito volver a escribir sobre ella. Volver a mirar una foto suya en un momento cotidiano y feliz. Volver a pensar en su vida. En su rodete, sus anteojos, su remera rayada y su arito en la nariz. En su juventud y su belleza. Esa es la imagen que quiero conservar. La forma en que quiero seguir recordándola. 

27 de mayo de 2026

 

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